Investigadores de la Universidad de Bristol sugieren -dato curioso- que aquellas personas con cierta insensibilidad a los gustos agrio y amargo, son más propensas a consumir alcohol en exceso. Esto significa que además de la genética, también juega un papel importante la relación existente entre el gusto y el alcoholismo.
Por otra parte, el genetista Kari Buck explica que si se prueba que los humanos tienen genes similares para las adicciones, podría llegar a conocerse la vía idónea para desarrollar fármacos frente al alcoholismo. Se identificaron marcadores de los genes relacionados con el alcoholismo en tres cromosomas diferentes. En experimentos con ratones se comprobó que quienes heredan una versión o un alelo de dichos genes presentan mayores riesgos de sufrir síndrome de abstinencia, y que los ratones con diferentes alelos, están protegidos contra dichos síntomas. John Crabbe, de la Universidad de Princeton, encontró ratones con un marcador genético de un gen que impulsa a los animales a tomar alcohol. Este gen envía una señal al cerebro para beber más que los ratones normales.
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